
Desde que White Lies tocó en la conocida sala Lido en el barrio turco de Berlín, no dudo en la posible reencarnación de Ian Curtis en el cantante del grupo, Harry McVeigh. Su oscuridad y dramátismo, el corte y color de pelo, pero sobre todo ese tono de voz que en directo hacía recordar al líder de Joy División era lo que estremecía tanto a la propia sala y por supuesto al público.
McVeigh, junto Charles Cave y Jack Lawrence-Brown forman la banda inglesa White Lies, un grupo que lleva poco tiempo en la escena musical, pero desde que empezaron hace casi cuatro años no han parado de crear, componer y moverse para salir y seguir en la superficie; hace escasos tres meses editaron con Fiction Records su nuevo álbum,‘To lose my life’ un título que adelanta ya la temática de sus letras.
El concierto fue comedido, 40 minutos de duración, nada de canciones regaladas al final, ni exceso de palabras (por no decir ninguna) por parte del cantante… eso sí, musicalmente lo dieron todo: el batería Lawrence-Brown como pilar del éxito del concierto, sumado a la voz de McVeigh que tras cada canción quedaba exhausto.
Sus letras son oscuras, ofrecen puntos de vista interesantes y se presentan envueltas en capas de post punk e indie rock.
Cada una de las canciones del concierto fueron importantes para el conjunto, pero sobre todo destacó ‘Farewell to the fairground’ que además de ser uno de sus hits, en directo se convirtió en una canción de garra y profunda energía, especialmente por la fuerte presencia de la percusión. Con la canción que da título al álbum, ‘To lose my life’, (siempre con la batería un un rol imprescindible) se añadía el sonido melancólico del teclado de Charles Cave, que bailaba a sacudidas y sumido en una especie de trance.
White Lies tiene un estilo marcado, no pueden evitar ser clasificados en la música “dark” o “moody”: al fin y al cabo son etiquetas que ellos mismos han acabado por aprobar. ‘Death’ y ‘Rebirth’ sonaron de forma admirable porque en el directo el teclista se permitía la libertad de jugar con los sonidos, libertad con las distorsiones acústicas e incluso introducir sonidos más electrónicos, como hizo en ‘Rebirth’.
Querían convertirse en una banda internacional y es algo que están consiguiendo gracias a la fuerte promoción que se les está dando, actualmente con una gira por Estados Unidos que seguirá hasta julio.
Su directo es de un disfrute exquisito, pero por lo pronto no estarán en España hasta verano, en el Festival Benicàssim. Si adoras a Joy Division o, por ejemplo, a Interpol, este grupo te turbará.
Texto y fotografía: Jéssica López









El mismo discurso de siempre cada vez que aparece en escena una banda de esta tipología. A ver si podéis volver a escribir el artículo sin caer en los mitos de todas las postales otoñales de este carácter de música, a saber: Ian Curtis, oscuridad, melancolía… ¡Qué pelmazos!
menuda mierda…topicazos…estoy de acuerdo
Tuve el placer de verles y estos chicos tienen un directo muy bueno. Es cierto, tienen un lado oscuro y qué se le va a hacer, mola mucho.
Si el problema no es del grupo sino de quien escribe el articulo